El valle de Masca

Del Bando de Daute y de sus partes más extremaduras, situadas al NW de Tenerife, tenemos noticias de ellas nada más terminarse la conquista. Repartimientos de tierras y aguas para los nuevos repobladores que venían a establecerse en las “Carrastollendas” o actual Buenavista, pleitos y peleas entre guanches y forasteros, van apareciendo en la toponimia del lugar.
 
La zona o municipio del hoy Buenavista del Norte, con sus más de 63 kilómetros cuadrados está cargada de historia y de leyenda, ambas se entrecruzan y transmiten de padres a hijos, creándose una tradición, que las más de las veces, se ve reflejada en documentos de escribanos, notarios eclesiásticos, viajeros o cronistas de la época.

En las Datas de Tenerife aparece Masca en varias ocasiones, en la primera en el tiempo nos dice que don  Alonso Fernández de Lugo, Adelantado de Canaria y Conquistador de Tenerife, da a don Diego "Rey q. érade de Adexe, un barranco que se llama de Masca, con todas sus tierras y aguas para vuestros ganados e para q. fagais vuestras heredades, salvado tres fanegas que di a Pedro Talavera. 05‑X‑1503."

El conquistador Pedro de Talavera no se afincó en Masca, pero si lo hizo el guanche don Diego y continuaron haciéndolo sus descendientes.

En otras datas, y en el mismo lugar, se dan pequeñas cantidades de tierra a otros repobladores y en ellas se insiste en que "hay agua para todos".

 Don José Agustín Álvarez Rixo, culto compilador y cronista del Puerto de la Cruz del primer tercio del siglo XIX, queriendo unir el presente con el pasado, nos describe, este precioso valle, hoy muy deteriorado y lamentablemente perdida su original belleza a causa de los desmanes constructivos y especialmente por el gran incendio que lo afectó en el verano de 2007:

"Masca es un vallecito en extremo raro y pintoresco, situado entre las altas y escarpadas cumbres del oeste de esta isla de Tenerife, jurisdicción de la Villa del Valle de Santiago en lo eclesiástico. Pero en lo civil, lo mismo que la propiedad de su territorio, ha pertenecido en su mayor parte a propietarios del lugar de Buenavista, el cual le queda a cosa de dos leguas al norte. Todo su suelo está en continuos altos y bajos, de manera que las únicas 30 o 40 varas que se pueden andar en piso horizontal, es el terraplén artificial hecho delante de la casa que allí tiene el venerable beneficiado doctor don José Martín Méndez, cuyo es mucha parte de este vallecito. A su parte oriental está un disforme cerro, el cual conserva el nombre guanche de Tarucho, cuya extraordinaria configuración admira al que le ve la vez primera, porque parece amenazar aquel recinto, pero en todas las convulsiones de esta isla, se ha mantenido tan firme como los demás fundamentos de ella; y su parte inferior está industriosamente cultivada. Cuando se levanta el sol a sus espaldas, es dignísimo de ser observado por los aficionados a la pintura, que se recrean en ver los juegos y caprichos que la naturaleza forma con los claros oscuros en particulares posiciones”.

 Y continúa don José Agustín: “Al poniente de éste y en situación más central y honda del valle, yace otro roque de figura piramidal, estéril y de color bermejo o ferruginoso, al cual denominan Catana y en sus inmediaciones y a diferentes distancias se ven ciertas paredes naturales, que examinadas con la vista y tacto se encuentran formadas de especie de planchas de cosa de media vara de largo, pulgada y líneas de ancho y media pulgada de grueso, en posición casi horizontal, como puestas por manos del hombre, de cierta piedra estralladiza de color del herrumbre. El gluten con que la naturaleza las pegó entre si, ya ha perdido su fortaleza, por lo cual se desprenden fácilmente.

 A la parte SW, por entre ambas cumbres, se descubre un estrecho espacio de mar y apenas horizonte, con la parte meridional de la isla de la Gomera la cual aparece como un tronco informe que atraviesa de una a otra ladera.
 
Los altos peinados y compactos riscos que rodean el valle producen excelente orchilla, y muchos de sus moradores que subsistían de cogerla, perecieron desriscados desgraciadamente desde aquellos enormes precipicios.

Sin embargo, en el escarpe de estos mismos hay ciertas veredas invisibles transitadas por pastores y ganados, los cuales desde lejos más bien parecen pintados en papel, porque no se cree posible que por escarpe tan perpendicular pueda afirmarse la planta de ningún viviente”.

Barranco de Masca. Álvarez Rixo, visitó  Buenavista y se hospedó en la casas de su amigo y clérigo, don José Martín Méndez y recorrió en su compañía los pintorescos parajes y caseríos buenavistenses, degustando los manjares que producía el lugar: miel, naranjas, dátiles, caña dulce, batatas, ñames, anguilas y, sobre todo, la leche de cabra recién ordeñada Veamos como describe el portuense el  barranco de Masca:

 “Abunda el vallecito en muchas fuentes y buenas aguas, que por desgracia no hay terreno bastante  en que invertirlas, y los riscos que éstas no riegan, tienen en verano apariencia muy seca y estéril. Van dichas aguas por el fondo del valle, que es un barranco profundísimo y río menos prodigioso por sus saltos y escabrosidades, enmarañándose y acercándose sus peñascos de uno y otro lado, de manera que, por algunas partes cuando se desciende por él para ir al mar, no se puede ver el cielo. Y en las cavidades o charcos de su cauce se crían muchas anguilas exquisitas, que solo por saborearse con tan rico alimento se puede ir a aquel lugar.

En todos aquellos contornos y despeñaderos se descubren diversidad de plantas costaneras de nuestra flora Canaria, entre ellas la singular denominada por los guanches chajora y por los pobladores del sur de nuestra isla yesquera, por servir para prender el fuego. Crece en la cuesta por donde se baja a este vallecito, viniendo de Buenavista, y llaman Guilda.
 
Las más de estas plantas fueron examinadas por el botánico francés Sabino Berthelot, los años de 1830 y 1831, en las diferentes ocasiones que allí estuvo.

Se cultiva en el emparedonado terreno papas, cebollas y otras hortalizas, cañas de azúcar, algunas parras vidueño, que da un vino blanco flojo, pero de un gusto muy grato, particularmente para el tiempo de calor; naranjos, cuyo fruto es muy bueno; palmas y otros árboles, principalmente morales, con cuya hoja crían mucha seda con la cual pagan los moradores las rentas de sus pequeños predios. Pero es lástima como la hilan, toscamente, por lo que tiene tan poco merecimiento.

Hay allí una pequeña ermita dedicada a Ntra. Sra. de la Concepción. El vecindario es pobre y habita en casas de paja o cuevas, a lo guanche, de cuyo antiguo idioma se conservan varias voces de lugares preeminentes de sus cumbres: Archefe, Yinfa, siendo el número de almas que lo pueblan de ciento cuarenta y uno”.

Hasta aquí transcribimos lo que escribió don José Agustín Álvarez Rizo sobre el valle de Masca, respetando, en todo momento, la redacción y la ortografía de los nombres topográficos; según la documentación que me facilitó don Julián Fernández Calzadilla, deudo muy cercano a él.

En la próxima ocasión trataremos sobre los frailes que llevaban el pasto espiritual a estas duras tierras de Buenavista.

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